Se dice cuando alguien se manda un cuento medio trucho, exagera a lo loco o mete chamuyo del bueno, de esos relatos que suenan a monte y a humo. Es la típica historia que arranca creíble y termina con un yacaré manejando la lancha. Ideal para pinchar al amigo fantasioso sin pelearse. Y sí, a veces da risa.
"No le creas a Juan, otra vez contó una historia de monte con la pesca: que sacó un surubí gigante y lo subió a la lancha a puro grito. Dale, puro chamuyo."