Se dice cuando alguien ya está casi sentenciado, a punto de morir o de meterse en un broncón del que no sale bien. Viene de la Revolución y los fusilamientos, cuando al condenado le daban un último cigarro, a veces de la marca Faros, y se lo echaba antes del tiro. Suena duro, pero es muy de rancho.
Expresión potosina para decir que alguien está en las últimas, muy jodido o a punto de estirar la pata. Se usa tanto para una mala racha como para un susto serio, y también como exageración después de una paliza, una cruda o un accidente. Suena fuerte, pero tiene ese humor negro bien de barrio.