Se dice cuando alguien anda perdidísimo, como sin brújula ni neuronas, sin rumbo y sin tener claro qué hacer. Puede ser por despiste, por estar medio volado o por estar pasando un mal momento y no dar pie con bola. En Atacama calza perfecto, porque el desierto no perdona. Y sí, suena bien dramático.
"Anoche se pegó un carrete brígido y hoy el Juan anda pa'l desierto, preguntando por el celu que tiene en la mano y buscando la micro en el patio."