Dicho falconiano para cuando alguien anda demasiado emperifollado o elegante para la ocasión, como si fuera a una boda y en realidad va a hacer un mandado cualquiera. Se usa con burla cariñosa, porque el contraste da risa. Vamos, que va bien producido sin necesidad, y se nota a kilómetros.
"Mira a Juan, fue al kiosko por empanadas y anda como un zarcillo guindado, con perfume y camisa planchadita, como si lo estuvieran esperando en una fiesta."