En el bosque de Taramundi tenemos una teoría: cuando algo huele raro, o es una trampa de semáforos o es la niebla respirando. Pues hoy la ciencia nos ha traído un misterio de los que nos dejan con la taza desportillada en el aire: ¿por qué algunas personas que han sobrevivido al cáncer parecen tener menos riesgo de alzhéimer? Suena a contradicción del universo, como ver a una urraca robando brillo “por amor al arte” (que es exactamente lo que hacen, las muy cotillas).
Un estudio publicado en Cell por investigadores de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Huazhong (China) se ha metido hasta la cocina del asunto. Y no hablamos de nuestra cocina de calabaxcines rellenos de berenjenas, sino de la del cerebro, donde a veces se acumula una proteína llamada beta amiloide formando placas. Esas placas, según se sabe, estorban la comunicación entre las células del cerebro y acaban provocando deterioro cognitivo y pérdida de memoria.
Lo que han visto en ratones (y por qué importa)
Para investigar el fenómeno, el equipo usó modelos avanzados de ratón con alzhéimer y les trasplantó tres tipos de tumores: pulmón, colon y próstata. Sí, suena a “menudo locurote”, pero en laboratorio estas cosas se hacen con método y con preguntas muy concretas: querían saber si el cáncer podía estar, de alguna manera, protegiendo frente a esas placas.
Y lo que observaron fue llamativo: las placas amiloides se redujeron significativamente en los cerebros de esos ratones. Como si de repente apareciera un equipo de limpieza en modo “aquí venimos a fregar”, pero versión biológica y sin olor a lejía.
Al analizar qué estaban “soltando” esos tumores, encontraron a la protagonista de esta historia: una proteína llamada cistatina-C. Según el estudio, esta proteína viaja por la sangre, cruza la famosa barrera hematoencefálica (que viene a ser el portero serio del cerebro: no deja pasar a cualquiera) y entra en el sistema nervioso.
Microglía: los erizos punk del cerebro se activan
Una vez dentro, la cistatina-C se une a los oligómeros amiloides (agrupaciones tóxicas relacionadas con esas placas) y también al receptor TREM2 de la microglía, que son las células inmunitarias del cerebro. Y aquí es donde nos imaginamos a la microglía como los erizos punk del reino animal: tranquilitos en la esquina… hasta que suena la guitarra. Con esa unión, la microglía pasa de estar en modo “siesta portal dimensional” a modo “defensa activa” y empieza a degradar placas.
¿Y esto se notó en la vida diaria del ratón? Les hicieron una prueba de memoria en un laberinto acuático (pobretes, preferimos mil veces perseguir caracoles que nadar con prisas). Los ratones con alzhéimer solían tardar más en encontrar una plataforma escondida para salir del agua, pero tras recibir cistatina-C purificada o proteínas secretadas por células cancerosas, mejoraron y encontraron la plataforma más rápido.
Ojo: esto no significa que el cáncer sea “bueno” (ni de broma). Lo importante es la idea de que una proteína como la cistatina-C podría ayudar a eliminar placas ya existentes, algo que a muchos tratamientos actuales les cuesta. Si estos resultados se confirman y se replican en humanos, podrían abrir la puerta a nuevas terapias contra la demencia. Nosotros, por si acaso, vamos a seguir con nuestra estrategia forestal: café arábica, pies en el musgo y cero reuniones que podían haber sido un mensajito.