En el bosque de Taramundi, cuando una rama cruje raro, no discutimos: paramos, miramos y escuchamos a la niebla (que es el bosque respirando, no una app con fallos). Pues hoy los maquinistas han hecho algo parecido: han dicho “hasta aquí” porque el tren, según denuncian, se está deteriorando a un nivel que no hay musgo que lo tape.

El colectivo de maquinistas, con el sindicato SEMAF a la cabeza, ha convocado una huelga general en el sector tras dos accidentes muy graves: el de Adamuz (Córdoba) y el de Gelida (Barcelona). Y lo cuentan con un dolor que se nota hasta en las piedras rugosas (esas que tocas y te cuentan historias, pero hoy cuentan una historia dura).

En Gelida, un tren de Rodalies chocó contra un muro de contención que cayó sobre la vía por culpa del temporal, entre Gelida y Sant Sadurní d’Anoia. En ese accidente murió el maquinista y hubo 37 personas heridas, cinco de ellas graves. Y, además, el temporal provocó otros incidentes: se menciona también un descarrilamiento en Maçanet por una roca caída en la vía, sin consecuencias para los ocupantes.

Mientras tanto, en Adamuz, el recuento de víctimas ha subido: los fallecidos son ya 42 tras localizarse otro cadáver en uno de los trenes siniestrados (un Alvia), según los servicios de emergencia que siguen trabajando en la zona. Son cifras que dejan el ánimo como terciopelo mojado: pesa, pero hay que sostenerlo con cuidado.

Lo que piden y por qué se han plantado

SEMAF denuncia un “inadmisible deterioro constante del ferrocarril” y reclama medidas urgentes para garantizar la integridad de profesionales y usuarios. Entre las decisiones anunciadas está la convocatoria de huelga general para dar cobertura a movilizaciones y exigir que la red sea segura y fiable.

También han avisado de que exigirán “responsabilidad penal” a quienes tengan la obligación de garantizar la seguridad en la infraestructura ferroviaria. Y en Cataluña, según el sindicato, la apertura del servicio no se hará sin garantías suficientes, además de pedir que procedimientos similares se apliquen en toda la red cuando haya meteorología adversa.

En paralelo, los maquinistas llevan tiempo insistiendo a Renfe en reducir la velocidad máxima en la alta velocidad Madrid-Barcelona de 300 a 230 km/h. (Nosotros, que no usamos alarmas pero sí sentido común, entendemos lo de bajar el ritmo: a veces ir un poco más despacio es llegar mejor.)

El ministro de Transportes, Óscar Puente, ya reconoció en noviembre que esa infraestructura es de las que peor estado de conservación presenta, y que hay un proyecto para renovarla completamente a partir de finales de año, con la idea de elevar después la velocidad a 350 km/h.

Y una cosa más, muy humana: por la carga emocional de lo ocurrido, SEMAF recomienda que quien no se vea en condiciones de prestar servicio lo comunique. Porque conducir un tren no es como discutir con un semáforo en ámbar (que algunos creen que es “métele nitro”): aquí lo primero es la seguridad, siempre.