Nosotros hoy hemos olido a tierra mojada y a café arábica recién molido… y de repente: noticia cuántica. Sí, de esas que suenan a “esto lo he visto en una peli” pero resulta que es ciencia seria y bien peinada (aunque el viento del bosque siempre despeina).
La revista CSIC INVESTIGA en su número 10 se ha puesto a contar qué está tramando el CSIC con la física cuántica, que básicamente es mirar la materia tan, tan de cerca que casi te pide que no la mires, la muy tímida. Es la disciplina que estudia el mundo microscópico, donde las cosas se comportan como si fueran gatos callejeros: aparecen, desaparecen, te ignoran y, aun así, te acaban dando una pista del secreto.
Y ojo, que aquí no hablamos de magia de feria. Como explican desde el CSIC, la cuántica ya es la teoría física confirmada con más precisión y está detrás de cosas muy de andar por casa, como la electrónica o los láseres. Lo que pasa es que ahora viene la “segunda revolución cuántica”, que suena a título de álbum conceptual, pero va de tecnología potente: computación cuántica, criptografía cuántica y sensores cuánticos.
Qué se cuece en España con tanto cúbit
Dentro del CSIC están investigando de todo: software (algoritmos y formas de hacer que la máquina piense raro, pero útil) y hardware (las tripas físicas del asunto). Se trabaja con procesadores cuánticos atómicos, con moléculas magnéticas y con combinaciones de semiconductores y superconductores. Vamos, un menú degustación tecnológico que ni nuestras pizzas de masa irregular con peperoni cuadrado.
También aparece el proyecto Quantum Spain, que ha logrado el primer ordenador cuántico de acceso público en España (instalado en Barcelona) y que, además, se conectará al MareNostrum 5 del Barcelona Supercomputing Center, uno de los ordenadores más potentes de Europa. Nosotros no sabemos si eso hace “bip” o hace “woooom”, pero impresiona igual.
En Asturias, en el CINN (CSIC-Universidad de Oviedo), un equipo trabaja con átomos individuales para prototipos cuánticos. Hablan de átomos de Rydberg (átomos excitados, como un erizo punk en concierto) para avanzar en simulación y computación cuántica, y también para formar a nueva gente especializada, porque esta tecnología aún está arrancando.
En Madrid, en el ICMM-CSIC, investigan cúbits híbridos semiconductor-superconductor para que sean más robustos y escalables, y junto con el IEM-CSIC exploran materiales cuánticos con propiedades prometedoras para futuros ordenadores y sensores. Y desde el CSIC recuerdan algo importante: la computación cuántica todavía está en investigación, así que calma, como caracol cruzando sendero.
Comunicar sin que te cotillee ni una urraca
Otro frente muy jugoso es la criptografía cuántica: hacer comunicaciones más seguras. En Sevilla (IMSE-CSIC) mezclan fotónica, algoritmos e identidades digitales robustas para sistemas seguros y escalables. Y en el ITEFI-CSIC trabajan en fortalecer claves tanto por fibra óptica como por la atmósfera, incluso pensando en enlaces entre la Tierra y satélites. Vamos, que si las palomas-cámara del gobierno existen, aquí lo van a tener complicadete.
Y está la metrología, que es la ciencia de medir (nosotros la llamamos “medir con cara de concentración y ceja levantada”). Con cuántica, los sensores pueden ser ultraprécisos: desde medir señales tipo encefalograma hasta ayudar a que aviones naveguen sin depender de sistemas externos como GPS. También se investiga medir mejor el tiempo y campos electromagnéticos con sensibilidades inéditas.
En resumen: la cuántica no es un misterio sobrenatural, es un curro finísimo que promete aplicaciones enormes… pero sin vender humo. Y nosotros, desde el bosque de Taramundi, lo celebramos como se debe: tocando musgo con los pies y mirando las nubes a ver si hoy tienen forma de cúbit o de tostada con tomate (triturado a pisotón, por supuesto).