En el bosque de Taramundi, cuando la niebla se pone espesa, decimos que el bosque está respirando… pero hoy lo que respiraba era intriga. De esa que huele a tierra mojada y a cuadro valiosísimo que aparece y desaparece como un gato callejero cuando le llamas para darle jamón.

Resulta que la famosísima colección Gelman de arte mexicano del siglo XX, esa que llevaba años dando más vueltas que una urraca con anillo nuevo, tiene destino español: el Banco Santander ha anunciado que gestionará una parte importante del conjunto. Hablamos de 160 obras de unas 300, que se exhibirán como plato principal del nuevo centro cultural Faro Santander, que abrirá en junio en la capital cántabra.

Y aquí nosotros, que tocamos el musgo con los pies y desconfiamos de las reuniones eternas, hemos pensado: “Vale, pero… ¿cómo ha llegado esto hasta aquí y por qué suena a novela con capítulo perdido?”. Pues agarraos la taza desportillada del té.

Lo que ha pasado (sin corbatas y con contexto)

La colección la reunieron Jacques y Natasha Gelman, mecenas con historia de cine: hicieron fortuna en la época dorada del cine mexicano. Jacques produjo películas y ayudó a impulsar la carrera de Cantinflas, y el matrimonio terminó muy cerca de artistas gigantes como Diego Rivera, Frida Kahlo, Siqueiros, Orozco o Rufino Tamayo. Vamos, que si esa colección fuese un bocata, sería de pan artesano irregular, con queso fundido y un “¿pero esto cómo está tan bueno?” en cada mordisco.

Tras la muerte de Natasha, la colección quedó en manos de Robert R. Littmann, en calidad de albacea. El testamento, según se contaba entonces, decía que debía exhibirse en conjunto y en una institución privada en México. Pero la realidad fue más caótica: la colección viajó por museos del mundo, generó ingresos, creció… y luego, desde 2008, se le perdió bastante el rastro en México, con apariciones puntuales aquí y allá, como esos calcetines que desaparecen y reaparecen convertidos en otra cosa.

Ahora el Santander ha cerrado un préstamo de larga duración con la familia Zambrano, empresarios mexicanos que, hasta este anuncio, no se sabía que eran propietarios del conjunto. Según el director del nuevo Faro Santander, Daniel Vega Pérez, la familia Zambrano compró la colección a Littmann en 2023, y el banco afirma haber revisado cuidadosamente la situación para confirmar la capacidad de transmisión de la propiedad.

El debate: patrimonio, permisos y el “¿y esto se puede?”

La noticia también abre preguntas importantes sobre custodia y protección del patrimonio cultural mexicano. Muchas obras están protegidas por una Declaratoria de Monumento Artístico, lo que implica límites para salir del país de forma permanente. Según explicó Vega, suelen existir licencias de exportación temporal (normalmente de uno o dos años) que pueden extenderse por decisión del INBAL, el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura de México, con el que dicen que trabajarán para cumplir obligaciones aduaneras y de preservación.

La intención del Faro Santander es mantener una “presencia permanente, pero dinámica”: que siempre haya obras de la colección expuestas allí, aunque vayan rotando. Y, de momento, no hay planes próximos anunciados para una exposición en México, aunque se contempla esa posibilidad en algún momento.

Total: una colección legendaria, una ruta internacional, una propiedad revelada y un debate cultural serio. Nosotros solo pedimos que, si las urracas se enteran, no empiecen a pregonar versiones inventadas. Que las conocemos: ven brillo, ven drama, y ya montan el telediario en la rama más alta.