En el bosque de Taramundi tenemos una norma de oro: si una seta te mira raro, no te la meriendas “por si acaso”. Pues con los medicamentos pasa un poco lo mismo, pero con bata y prospecto: la AEMPS (la Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios, los guardianes del “esto se toma así”) ha publicado su boletín de seguridad de noviembre de 2025 y viene cargadito de avisos para tomarse las medicinas con cabeza, no con prisas de semáforo en ámbar.

Y sí: sabemos que leer un boletín así es como lamer una piedra de río para ver si sabe a montaña… pero en versión técnica. Así que os lo contamos clarito y sin inventarnos nada: son actualizaciones sobre efectos adversos, precauciones e interacciones que conviene tener en el radar.

Uno de los avisos va para la clomipramina: si se retira de golpe, en pacientes con cataplejía (esas pérdidas bruscas de fuerza muscular, típicas en narcolepsia), puede empeorar la cosa, incluso hasta un estado catapléjico. Además, datos de registros suecos en embarazadas no sugieren más anomalías congénitas globales, pero sí se observó un mayor riesgo de algunos defectos cardíacos congénitos (2 de cada 100 frente a 1 de cada 100), especialmente defectos del tabique del corazón. Y se incluyen también reacciones como miocardiopatía e insuficiencia cardiaca.

Luego está la clozapina, que es un medicamento muy útil en casos concretos, pero al que hay que vigilarle el pulso como a un erizo punk en un concierto. Se ha descrito asociación con procesos hematológicos malignos (enfermedades de la sangre), y esa relación depende de la dosis acumulada y del tiempo de tratamiento. También se han notificado casos de DRESS (una reacción grave con eosinofilia y síntomas sistémicos): si aparecen signos compatibles, hay que interrumpir el tratamiento y no reanudarlo. Además, combinar clozapina con ácido valproico puede aumentar el riesgo de neutropenia y miocarditis, así que se recomiendan controles exhaustivos. Y ojo: se añade apendicitis (incluso perforada) como posible trastorno relacionado con sus efectos anticolinérgicos.

Dolor, sueño y mezclas raras: ojo con la codeína

El boletín también pone foco en codeína/paracetamol. Aquí el mensaje es muy de sentido común magikito: duración lo más corta posible, objetivos claros y plan para dejarlo cuando toque, a veces bajando la dosis poco a poco para evitar abstinencia. Se recuerda el riesgo de trastorno por consumo de opioides, la dependencia y la tolerancia. Y si subes dosis y el dolor no mejora, puede existir hiperalgesia (que el propio opioide haga que duela más), algo que debe valorar el médico.

También se advierte de apnea central del sueño y otros problemas respiratorios relacionados con el sueño, que pueden depender de la dosis. Y una mezcla especialmente delicada: codeína con gabapentinoides (gabapentina o pregabalina) puede causar depresión respiratoria, sedación profunda y complicaciones muy graves.

Entre otros recordatorios del boletín: el metoprolol con sulfonilureas puede aumentar el riesgo de hipoglucemias graves (diabéticos, a vigilar la glucosa); rifampicina tiene interacciones importantes con varios fármacos y se menciona la “reacción paradójica” en tuberculosis (mejora y luego empeora sin ser necesariamente fracaso del tratamiento); y se añaden precauciones y reacciones relevantes en distintos medicamentos, incluidas reacciones anafilácticas en algunos tratamientos y avisos muy serios sobre errores de administración con el ácido tranexámico inyectable (que debe ser solo por vía intravenosa).

Conclusión desde el musgo: los medicamentos no son caramelos, y cambiar dosis, mezclar cosas o cortar tratamientos “a ojo” es como intentar domar una urraca con un objeto brillante: acaba mandando el caos. Si tomáis alguno de estos fármacos y notáis algo raro, lo sensato es hablar con vuestro profesional sanitario. Saludar es gratis, preguntar también, y el cuerpo lo agradece.