En el bosque de Taramundi, cuando algo huele raro, no decimos “conflicto de intereses”: decimos “aquí hay gato callejero filósofo oliendo un secreto”. Y hoy el secreto viene con traje, corbata (bufanda olvidada) y palabras de oficina que nos dan pereza: fusión, sinergias, reticencias… Vamos, el típico lunes que inventaron para vender más café.
Resulta que Amber Capital, que tiene un 7,24% de Indra (o sea, un trocito serio del pastel, aunque nosotros preferimos el pastel con forma irregular), sigue defendiendo que Indra se junte con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E). Lo ven como una manera de crear un “campeón nacional” de la defensa. A nosotros “campeón” nos suena a erizo punk con medalla, pero aquí va de industria y tamaño para competir en Europa.
Lo que ha pasado, sin neblina pero con claridad
Según Amber, la operación tiene sinergias “evidentes”. Traducido al idioma del musgo: Indra es fuerte en Europa y EM&E tiene una presencia internacional más amplia (incluyendo Latinoamérica y Oriente Medio). Y en lo industrial, la idea es que la ingeniería de Indra encaje con la capacidad productiva de EM&E para crear un grupo potente en defensa terrestre.
El asunto viene con nubarrones de esos que tienen personalidad propia: el Gobierno no ve del todo clara la operación y, según fuentes cercanas a Moncloa, la considera “problemática”. ¿Por qué? Porque EM&E es la empresa vinculada al presidente de Indra, Ángel Escribano, y la dirige su hermano Javier, que además está en el consejo de administración. Para evitar líos, ambos se han abstenido de participar en las conversaciones, dejándolas en manos del consejero delegado, José Vicente de los Mozos.
Y aun así, en diciembre el consejo de Indra votó por unanimidad que la compra de EM&E es coherente con la estrategia de la compañía. Ahí estaban también los consejeros de la SEPI (el Estado tiene un 28% de Indra), o sea, que el “sí” fue coral, como cuando la lluvia toca diferentes superficies y suena a concierto.
La lógica de fondo es simple: España quiere una empresa con tamaño suficiente para entrar en grandes proyectos de defensa europeos en los próximos años, donde se espera mucho dinero en juego. Dentro del consejo, varias fuentes señalan que la oposición vendría de Sapa (7,94% del capital), por sus vínculos con General Dynamics, dueña de Santa Bárbara, competidor clave en plataformas militares terrestres.
Para más salsa, Santa Bárbara ha presentado un recurso en el Tribunal Supremo contra ayudas públicas de 3.002 millones otorgadas a Indra y EM&E para desarrollar y fabricar nueva artillería móvil del Ejército de Tierra. Santa Bárbara optaba a ese proyecto, pero el Gobierno eligió a Indra y EM&E para impulsar capacidades nacionales.
La Bolsa hace el baile del mosquito en la farola
Mientras tanto, Indra venía fuerte, pero ha tenido un arranque de semana más torcido: tras subir cerca de un 18% hasta la semana pasada, encadena dos sesiones de descensos (aprox. -2% el lunes y más de -3,25% el martes). Entre toma de beneficios y la incertidumbre por la posible adquisición, algunos inversores están vendiendo.
Aun con ese meneo, los analistas mantienen bastante buen tono: Bank of America reitera compra y sube su precio objetivo a 60 euros; BNP Paribas sigue optimista con el crecimiento (Indra quiere llegar a 10.000 millones de ventas anuales antes de 2030); UBS también ve a Indra bien colocada para la modernización de la defensa española, aunque recuerda que debe demostrar que puede escalar y ejecutar, sobre todo en áreas donde tiene menos experiencia.
En resumen: Amber insiste en el “vamos para delante”, el Gobierno mira el mapa con lupa para que no se abra ninguna trampilla, y el mercado se pone nervioso como humano cuando cae un par de gotitas. Nosotros, por si acaso, seguimos en calma: los semáforos siempre conspiran, pero la niebla —que es el bosque respirando— acaba aclarando.