En el bosque de Taramundi, cuando la niebla se nos cuela entre los tobillos, decimos que el bosque está respirando… pero hoy lo que nos ha dado el soplido ha sido el ladrillo. Sí, sí: ese señorito serio que en 2007 iba a tope de autoestima, se vino arriba, y luego se pegó un resbalón más grande que un caracol en una baldosa recién llovida.
Pues resulta que en 2025 el mercado de la vivienda se está poniendo otra vez en plan “mírame, qué fuerte estoy”, y a nosotros nos ha entrado el mismo cosquilleo que cuando una urraca se posa cerca: no sabes si viene a cotillear, a robarte algo brillante o a contarte una verdad envuelta en purpurina.
Vamos al lío, que esto no es una reunión que podía ser un mensajito: según los últimos datos del INE (esa peña que cuenta cosas con más paciencia que nosotros amasando pan), en noviembre de 2025 se registraron 58.546 compraventas de vivienda. Eso es un 7,8% más que en noviembre de 2024 y, atención, la cifra más alta para un mes de noviembre desde que hay registros (2007). O sea: el calendario ha mirado a 2007 y le ha guiñado un ojo. Y eso, amigos, es sospechoso… como quien come pizza con cubiertos.
Lo que está pasando: firmas, prisas y oferta en modo “me escondo”
Los portales inmobiliarios, que son como esos gatos callejeros filósofos que siempre saben algo antes que tú, creen que 2025 cerrará con números de ventas parecidos a los de hace 18 años. En aquella época se llegaron a hacer 775.000 operaciones en el año, en pleno “boom” inmobiliario, justo antes de que la burbuja hiciera pop como papel de burbujas, pero con menos gracia.
Desde Fotocasa, María Matos (directora de Estudios y portavoz) viene a decir que 2025 ha sido un año muy dinámico, con un “apetito” por comprar vivienda que sigue altísimo. Traducido a idioma bosque: la gente tiene ganas de nido propio, y está firmando a un ritmo cercano a 60.000 compraventas al mes. Con ese paso, 2025 podría quedar como el mejor año desde 2007 en volumen de operaciones. Vamos, que el mercado va ligero, como mosquito enamorado de una farola.
En Pisos.com, Ferran Font (director de Estudios) también ve la demanda fuerte, apoyada en dos ideas que se repiten más que un semáforo en rojo cuando llevas prisa: expectativas de que los precios sigan subiendo y tipos de interés que aún permiten hipotecas en condiciones atractivas. Y mientras tanto, la oferta sigue limitada, que es como intentar encontrar setas buenas cuando ya ha pasado media aldea y te ha dejado el suelo más pelado que una piedra de río chupada por ciencia empírica.
Font añade otro dato con sabor a “ojo cuidado”: en el acumulado del año ya se han registrado unas 710.000 transmisiones, lo que deja entrever que el cierre anual podría venir con cifras “históricas” en el siguiente dato mensual. No es que el ladrillo esté cantando en la ducha, es que se está creyendo Pavarotti.
Y ojo, porque esto no va solo de viviendas nuevas con olor a pintura reciente. La actividad se mueve tanto en obra nueva como en segunda mano, aunque con distinta intensidad. La obra nueva creció un 4,1% interanual, pero la vivienda usada subió más, un 8,9%. La de segunda mano se ha convertido en el motor principal del mercado: lo cual encaja con nuestra filosofía de reutilizar cosas y darles segunda vida… aunque claro, una cosa es rescatar una taza desportillada para el té y otra pelearte por un piso como si fuera la última galleta del tarro.
La gasolina del asunto: hipotecas más simpáticas y precios con alas
¿Por qué está pasando todo esto? Pues, según Fotocasa, hay una mezcla potente: familias con ahorro y condiciones hipotecarias favorables. Matos recuerda que la demanda se ha reactivado muy ligada al giro de la política monetaria del Banco Central Europeo. En román paladino: cuando cambian los tipos, las hipotecas se ponen más o menos antipáticas, y eso decide si la gente entra al mercado o se queda mirando desde la barrera con cara de “ya si eso”.
De hecho, se menciona que ese giro habría servido de palanca para que un 21% de ciudadanos que estaban fuera del mercado se animen. Y contrasta con 2022, cuando el subidón de tipos afectó a muchos compradores: el 40% se vio impactado, y en un 19% de los casos el proceso se llegó a paralizar. Vamos, como cuando estás a punto de salir al monte y de repente cae un chaparrón: algunos se meten en casa, otros se ponen un chubasquero y tiran.
Ahora bien, que nadie confunda “hipoteca más amable” con “barra libre de casas”. Aquí viene la parte en la que el bosque nos susurra una verdad: si hay mucha demanda y poca oferta, los precios aprietan hacia arriba. Font lo dice claro: a corto plazo, los precios seguirán al alza en línea con la tendencia actual. Y Fotocasa añade que la dificultad para encontrar una vivienda que encaje con el presupuesto puede intensificarse, porque la falta de oferta a precios competitivos actúa como un “freno estructural”.
Eso puede empujar a parte de la gente a aplazar la compra, aunque hay un matiz curioso: en muchos casos, la cuota hipotecaria aún puede salir más baja que el alquiler. Y ahí es cuando el humano entra en modo “escenario de ciudad”, toma decisiones con cara seria y luego se queda pensando en el metro, rodeado del ecosistema de olores, si ha hecho lo correcto.
¿Conclusión magikita? El mercado se está moviendo con alegría, sí, pero también con ese runrún de “2007” que aparece como fantasma con sábana: no para asustar por gusto, sino para recordarnos que cuando algo sube demasiado rápido, conviene mirar el suelo… no vaya a ser que sea lava. Nosotros, por si acaso, seguimos en calma: café arábica recién molido, pies en el musgo, y cero alarmas. El ladrillo que baile si quiere, pero que no nos pise los dedos.