Nosotros no usamos alarmas porque son el enemigo número uno (junto a los mosquitos), pero entendemos perfectamente el concepto de “se me apaga la luz y me entra el yuyu”. Pues eso le ha pasado al Air Force One: iba tan pancho rumbo a Davos y, de repente, un pequeño drama eléctrico le ha dicho: “cariño, hoy no”.
Resulta que el avión del presidente de Estados Unidos, el tito Trump, despegó hacia Suiza para el Foro Económico Mundial de Davos y, cuando apenas llevaban unos 45 minutos de vuelo, la tripulación detectó un “problema eléctrico menor”. Menor, sí, pero ya sabéis: menor como una piedra en el zapato… hasta que intentas bailar una jota encima.
Luces que se apagan y avión que se da la vuelta
Según explicó la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, al detectar el problema decidieron regresar a la Base Conjunta Andrews, en Washington. O sea: maniobra de “media vuelta, que se nos ha olvidado algo”, pero en versión avión presidencial y con más botones que una chaqueta de banda de música.
Los periodistas que iban a bordo contaron que, poco después del despegue, las luces de la cabina se apagaron brevemente. Un instante de oscuridad total es como cuando el bosque respira niebla y te quedas quietecito escuchando… pero a 10.000 metros de altura. Ahí ya no apetece tanto la poesía, la verdad.
De momento no se dio una explicación detallada en ese momento, pero el plan fue claro: volver, cambiar de aeronave y retomar el viaje hacia Suiza. Esto, traducido al idioma del bosque, es exactamente lo que hacemos cuando el caldero empieza a burbujear raro: lo apartamos, soplamos, miramos al cielo dos segundos, y seguimos como si nada. Con respeto, pero con decisión.
Davos, economía y un viaje “interesante”
En Davos está previsto que el presidente intervenga el miércoles, centrando su discurso en asuntos económicos internos: el coste de la vida, el acceso a la vivienda y esas cosas que pesan más que una mochila mojada. Llega tras críticas de parte de su electorado por haber dado prioridad en su primer año a la agenda internacional, con conflictos como Gaza o Ucrania.
Antes de subir al avión, Trump ya dejó una frase con vibra de nube con personalidad propia: dijo que “este será un viaje muy interesante, no sé qué pueda pasar”. Pues mira, pasó lo de siempre: que la tecnología a veces tiene el mismo carácter que un gato callejero filósofo. Te acompaña un rato, te ignora sin avisar y, cuando menos te lo esperas, te obliga a volver a casa a por otro plan.
Así que nada: vuelta a Washington, cambio de avión y, con un poco de retraso, a Davos. Que al final hasta los aviones más famosos necesitan una siestecita técnica de vez en cuando. Y eso, en el fondo, nos parece hasta sano: la prisa es cosa de humanos y de hormigas con raves subterráneas.