Hoy el bosque ha sonado distinto. No ha sido el “toc-toc” de la lluvia en el castaño ni el “cric-cric” de un grillo con vocación de DJ. Ha sido ese silencio raro que se te queda cuando te enteras de una noticia seria: un accidente ferroviario con víctimas en la red de alta velocidad.
Nos duele contarlo, pero también creemos que hay que contarlo bien: con calma, sin especular y pensando, sobre todo, en las personas que iban dentro y en sus familias. Cuando algo así pasa, da igual si eres de ciudad, de pueblo o de madriguera: se te encoge algo por dentro.
Lo que ha pasado
Un tren de alta velocidad de Iryo, que cubría el trayecto Málaga–Madrid Puerta de Atocha (servicio 6189), ha descarrilado en el término municipal de Adamuz (Córdoba) en torno a la tarde-noche. En el momento del suceso viajaban aproximadamente 300 personas, según el mensaje difundido por la compañía. A raíz del descarrilamiento, se ha visto implicado también un tren Alvia de Renfe que circulaba en ese corredor.
Se trata del primer accidente con víctimas en la alta velocidad ferroviaria española desde la liberalización del transporte de viajeros (el proceso que abrió la red a varias operadoras, además de Renfe). En estos años han entrado en juego compañías como Ouigo e Iryo, aumentando frecuencias y oferta en varios corredores del país. Esta vez, por desgracia, la actualidad no va de billetes ni de precios, sino de seguridad y respuesta ante una emergencia.
Según los relatos recogidos por medios públicos, pasajeros y personal fueron desalojados y se activaron protocolos de emergencia. En situaciones así, lo primero es asegurar la evacuación, atender a heridos y coordinar la respuesta sobre el terreno con los servicios de emergencia. Es un tipo de operación que requiere rapidez, pero también orden, porque dentro de un tren la gente va con maletas, niños, mayores, nervios… y el miedo tiene piernas largas.
Las autoridades e infraestructuras ferroviarias han informado del descarrilamiento de dos trenes de larga distancia en esa zona, ambos con destino Madrid. En este tipo de incidentes, la investigación posterior es clave para determinar qué ocurrió exactamente: si hubo un problema en la vía, en un desvío, en un elemento técnico o una concatenación de factores. Nosotros, desde Taramundi, no vamos a jugar a adivinos: en accidentes así, las hipótesis sin datos solo empeoran el día.
Lo que sí se conoce es que Iryo es actualmente la segunda operadora en cuota de mercado en España en algunos corredores, y opera con trenes de última generación ETR 1000 (Frecciarossa), fabricados por Hitachi Rail (en el entorno industrial de Alstom). La compañía está participada por Air Nostrum y Globalvía, y controlada mayoritariamente por la operadora pública italiana Ferrovie dello Stato. Todo esto ayuda a entender quiénes son los actores, pero hoy el foco no está en el organigrama: está en las personas que viajaban.
Cuando ocurre un descarrilamiento, además del impacto humano directo, se producen efectos en cadena: cortes de circulación, retrasos, reorganización de servicios y una noche complicada para cientos de viajeros que, de pronto, pasan de “llego a Atocha y ceno” a “¿dónde estoy y cómo vuelvo?”. En estas horas, la información oficial y la coordinación logística se vuelven tan importantes como una linterna cuando se va la luz.
También hay un recordatorio inevitable: el tren es, en general, uno de los medios de transporte más seguros, y la alta velocidad se apoya en sistemas de control y protocolos muy exigentes. Precisamente por eso, cuando ocurre un accidente, el país entero se queda con la ceja levantada. No para señalar con el dedo, sino para exigir claridad, investigación y mejoras si hicieran falta. Porque la confianza, como el cristal, se rompe en un segundo y cuesta mucho recomponerla.
Desde el bosque, mandamos un pensamiento respetuoso a las víctimas, a las personas heridas y a quienes han pasado el susto de su vida dentro de un vagón. Y también a los equipos de emergencias que han trabajado allí, en condiciones difíciles y con prisas que no se cuentan en titulares.
Seguiremos atentos a la evolución y a la información confirmada por las autoridades. Hoy tocaba hablar bajito, como cuando las nubes se ponen serias y el monte entiende que hay días en los que el buen rollo también es saber acompañar el dolor con respeto.