La luz azul: el filtro natural del bosque
¿Sabías que...?
En días de niebla o al amanecer, el bosque no “pierde color” porque sí: la luz azul se dispersa más en el aire (es la famosa dispersión de Rayleigh, la misma movida que hace que el cielo sea azul).
Cuando hay bruma, gotitas y partículas hacen de discoteca suave: la luz se desparrama, el contraste baja y todo se vuelve más “pastel”. Por eso los objetos lejanos se ven azulados y más blanditos, como si el mundo hubiera puesto modo ahorro de detalle.
En Taramundi lo usamos como truco: si tu día viene borroso, baja el ritmo, acércate un poquito a lo importante y verás cómo vuelve el enfoque.