Cazador de Brillos Perdidos

Cuando el bosque respira niebla y los humanos caminan raro porque creen que nadie les mira, esta criatura se escapa con su gorro amarillo, como un girasol con ganas de aventura. Mide unos 20 cm, pero se cree gigante cuando pisa musgo descalzo y escucha la lluvia tocar las latas viejas.

Le mola un huevo todo lo que brilla, pero no por presumir. Es más bien por curiosidad, como las urracas cotillas. Un día encontró en la tierra un brillante que juraría que fue tapa de un azucarero antiguo, y desde entonces lo lleva en la mano, como si fuera una estrella domesticada.

  • Guarda botones viejos en escondites secretos entre ramitas
  • Saluda a las estatuas por si se bajan por la noche
  • Usa tazas desportilladas para que el té sepa a verdad

Si lo pillas sonriendo, no es pose: está recordando el sonido de un botón rodando por el suelo, como una risa pequeñita que no se deja atrapar.

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Cazador de Brillos Perdidos

Vive a medio camino entre el bosque y los bordillos de la ciudad, donde los humanos dejan tesoros sin darse cuenta. Se agacha, huele la tierra mojada y rescata botones viejos como si fueran monedas de otro mundo. Lleva un gorro amarillo, rollo girasol saludando al sol, y en la mano guarda un brillante encontrado sonriendo siempre.

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