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Este duende mide unos 20 cm, pero tiene alma de fogata: siempre está sonriendo con su barbita pequeña, como si acabara de escuchar un secreto de un gato callejero. Va un poco hippie, con su chal azul bien puesto y una bufanda azul que no se quita ni para discutir con las urracas cotillas. El gorro rojo lo lleva ladeado, por puro estilo y porque dice que así el viento se despista.
Cuando los niños se van a dormir, patrulla en silencio. No hace drama, hace magia cotidiana: toca superficies rugosas del marco de la cama, escucha la lluvia si cae, y decide dónde dejar el calorcito exacto para que ninguna garganta amanezca enfadada.
- Calienta el aire con soplidos suaves, como té en taza desportillada
- Cuenta chistes mudos a base de muecas y guiños
- Esconde un calcetín y luego lo devuelve como si nada
Si lo pillas en plena faena, se hace el loco, pero se nota que adora a los peques: su travesura siempre termina en risa… y en una mañana sin resfriados.