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Las ánimas benditas

Las ánimas benditas. Ahí van recorriendo el camino largo. Llevan sus túnicas blancas como de costumbre, una vela para alumbrar el camino. Van sin rumbo, una tras otra, caminando en fila. No saben adónde van, no saben cuándo dejarán de caminar.

Quien se cruce en su camino preguntará para dónde van, a lo cual ellos no tendrán respuesta. Mi abuela decía que alguna vez vinieron a casa, tocaron la puerta y preguntaron por fuego. Querían prender sus velas, a lo que mi abuela contestó que sí, que ella tenía por ahí unos fósforos. Les ofreció fuego y estas siguieron su camino, con sus velas encendidas, con la esperanza de que sus pecados fueran redimidos.

¿Cuántos años llevan recorriendo el mundo? ¿Cuántos caminos más faltan? Una tras otra, solo ven un camino oscuro, un camino que nunca termina. ¿Realmente se arrepienten? Nadie lo sabe. El reflejo blanco que su túnica y la vela dejan en su paso por los caminos es un breve recordatorio de la pena que llevan dentro. Las ánimas benditas.

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