Se dice de alguien que es nicaragüense hasta la médula, bien auténtico y con el orgullo patrio a flor de piel. Es como afirmar que trae el pinol en la sangre y que no se le olvida de dónde viene. Suele sonar cariñoso y celebratorio, aunque también puede ir con vacilón entre compas.
"Ramón llega con gallo pinto, pone música de Carlos Mejía Godoy y todavía dice “diay pues”. Ese maje es pinolero de pura cepa, no falla."