Se dice cuando te pasas horas y horas estudiando o currando con la cara pegada a los apuntes, como si la lámpara te fuera a chamuscar las pestañas de verdad. Vamos, matarte a estudiar para llegar a un examen o entregar algo a tiempo. Muy de estudiante aplicado, aunque al día siguiente quedes hecho polvo.
"Che, me quemé las pestañas toda la noche con los apuntes y el mate, y encima el profe tomó justo lo que no repasé. Qué bronca."