En Uruguay se usa pelusa para hablar de monedas o cambio chico, esa guita que llevás tirada en los bolsillos o en el fondo de la mochila. No es plata en serio, es más bien lo que juntás para el bondi, el pan o una birra barata. Suena tierno, pero cuando falta, se sufre fuerte.
En Antofagasta se le dice pelusa a esa persona que anda siempre pegada a otra, como perrito faldero o sombra fiel que no se despega ni a palos. No es necesariamente mala onda, a veces hasta da ternura, pero igual puede cansar un poco cuando no te deja ni ir al baño tranquilo.
Forma tierna y chistosa de referirse al pololo, polola o crush, porque igual que la pelusa de la ropa se te pega y no se quiere ir ni con escobillón. Se usa cuando estás medio embobado con alguien y te encanta tenerlo encima todo el rato. Y hay que admitir que la comparación es bien buena.