Se dice de alguien que no para de hablar ni un segundo, como un lorito que repite y repite sin cansarse. Va con tono medio en broma, medio queja, cuando la otra persona te taladra la cabeza con charla infinita. Ideal para el que te cuenta hasta el clima de 1998 sin respirar. Y sí, tiene su encanto.
"Che, dejá de charlar como lorito un rato, que estoy en plena siesta y vos seguís con el chisme del barrio como si fuera noticiero."