Expresión bien hidalguense para soltar sorpresa o incredulidad cuando pasa algo fuerte, sea para bien o para mal. Es como decir “no manches” o “no puedo creerlo”, pero con sabor local. Se usa mucho en plática entre compas, cuando te cae el veinte de algo y nomás te sale el chale, libro.
"¿Neta que el profe canceló el examen y nos puso 10 a todos? Chale, libro, hoy sí amanecimos bendecidos, vámonos por unas gorditas al centro."