Dicho costeño para el que se aparece en una fiesta sin que lo llamen y con el estómago haciendo huelga. Va directo a la olla, se sirve como si pagara cuota y repite sin pena. Vamos, el típico colado que cae con hambre brava y deja el arroz temblando. Tiene su gracia, pero si eres el anfitrión, duele.
"En el cumpleaños de Juan cayó un arrocero de Magdalena, se metió a la fila como Pedro por su casa y repitió tres veces. Al final no quedó ni arroz ni torta pa’ los demás."