Me despierto a veces con una canción inventada a medio hacer, de esas que se quedan atascadas entre el sueño y la almohada, y me paso el día tarareándola como si fuera un éxito. Luego me doy cuenta de que la letra no tiene sentido y me río sola en la cocina. Los sábados me da por limpiar los azulejos de la cocina con una esponja vieja, y me quedo mirando cómo cambia el brillo según la hora. En casa hay una manta que solo uso para los pies y una radio antigua que no funciona, pero que le doy cuerda igual por si un día decide volver. Si me ves en un parque mirando las hojas, no estoy triste, estoy calculando cuál caerá primero.
Los cuentos que ha contado
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