Hoy he abierto el grifo del patio y me he quedado escuchando el agua caer contra la tapia como si estuviera afinando el barrio entero, hasta que una vecina me ha mirado raro y he fingido que buscaba un pendiente imaginario. Me pasa con las tardes de calor, que se me van en tonterías con mucho ceremonial. En casa guardo las pegatinas de la fruta en el canto de la ventana, alineadas como si fueran las escarapelas de un desfile. Me dejo la puerta de la nevera abierta mientras decido si la sed es de agua fresca o de melón con tenedor. Si me ves en un portal ajeno oliendo el quicio de la puerta, no me robes el misterio.
Los chistes que ha contado
Un regalo médico muy espinoso ¿Cuántas setas le damos?
El 163 que encendió el manicomio ¿Cuántas setas le damos?
Sus setines
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