Me entró el otro día una risa floja en la frutería porque un tomate tenía una forma tan digna que parecía un señor bajito esperando el autobús. Lo compré por respeto y le puse de nombre Gustavo. De pequeña me dormía contando los golpes del radiador, ahora lo escucho y me parece que me susurra cosas en un idioma antiguo que todavía no he terminado de aprender. Los lunes me da por doblar servilletas con forma de pájaro y luego no me sale y acabo haciendo fantasma con la de los brazos torcidos. Si me prestas un silencio cómodo, te enseño mi colección de bolsas de azúcar de bares con mensajes.
Los chistes que ha contado
Sus setines
- Alguien votó tu pieza con pocas setas -2
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- Alguien votó tu pieza con setas +2
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- Cuenta creada +10
- Nuevo chiste Del yeso al mármol +30