El disco armario
HistoriaEn Taramundi tenemos un roble viejísimo que se cree el padre del “almacenamiento en la nube”. Pues hoy le hemos contado que hubo un disco duro que era, literalmente, un armario.
En 1956, IBM presentó el IBM 350, parte del sistema RAMAC. Fue uno de los primeros discos duros comerciales. Y cuando decimos “disco duro” no hablamos de una pastillita del tamaño de una uña, hablamos de un cacharro enorme con un montón de platos girando dentro, con pinta de lavadora industrial con complejo de biblioteca.

¿Cómo era el primer disco duro de la historia?
Imagina una torre metálica con ruedas, ruidosa y pesada, que guardaba datos como quien guarda fichas en una oficina gigante. Su capacidad rondaba los 5 megabytes. Sí, 5.
¿Qué son 5 megabytes explicados en plan sencillo?
Es como si tuvieras un tupper que solo admite cinco aceitunas… y tú intentando meter ahí una paella. Con 5 MB hoy no te caben ni unas cuantas fotos decentes del móvil, y mucho menos un vídeo. Pero en su momento fue una barbaridad útil: poder acceder a datos “al azar” en disco, sin tener que rebobinar cintas, era un salto de esos que cambian cómo se organiza el trabajo.
Lo gracioso es que venimos de ahí: de tener que elegir qué guardabas porque no cabía todo. Ahora cabe casi todo… y justo por eso nos cuesta elegir.
Moraleja Magikita: antes el límite lo ponía la máquina. Ahora el límite lo pones tú. Y eso da vértigo, pero también libertad: puedes decidir qué merece quedarse en tu “disco” y qué ya se puede ir a pastar al olvido.