Cuando los dedos de los pies empezaron a llorar en prisiones puntiagudas

Historia

Durante nuestras expediciones por el mapa mundi nos hemos fijao en una cosa muy graciosa: los corzos van con los dedos abiertos en abanico, sin miedo a lo natural… y los humanos vais con el pie metido en un embudo de plástico. ¿Pero quién decidió que la puntera tenía que estrecharse justo donde más anchos son los piesesitos?

El lío empezó hace tela de tiempo. Al principio de los tiempos los zapatitos eran más una protección que una escultura. Pero en Europa pronto llegaron los días en que la moda empezó a hacer de las suyas: “los pies pijos, aunque duelan”.

Durante la Edad Media se llevaban zapatos con una punta larguísima (los poulaines), tan exagerados que a veces se los ataban a la pierna para no tropezar. Luego la cosa fue mutando a puntas menos exageradas, pero la idea se quedó así, supuestamente para estilizar el pie.

¿Qué es eso de una puntera estrecha?

La puntera es la parte delantera del zapato, donde viven tus dedos como si fueran vecinos de un piso compartido. Si la puntera es estrecha tus dedos no pueden abrirse en abanico, así que se juntan, se montan unos encima de otros y el dedo gordo el pobre acaba montándose encima de los demás como buenamente puede.

¿Por qué se puso de moda apretujar los dedos?

Porque la moda a veces funciona como un filtro de instagram: no le importa si respiras, solo le importa si queda chachi piruli. A partir del siglo XIX, con la industrialización, se estandarizaron las tallas y muchas hormas (molde pa los zapatos) se diseñaban con esa forma afilada que queda tan elegante en una fotito.

Resultado: la estética gana, pero los dedos pierden todo su espacio vital.

Hoy en día ya hay mucha más conversación sobre el tema de las hormas anchas, el calzado “barefoot” y el rollo de dejar que el pie campe a sus anchas. Pero la herencia cultural sigue: muchísima gente se compra zapatos como quien compra una opinión ajena.

Moraleja Magikita: no todo lo que es típico es buena idea. Si algo en tu vida te deja las puntas del alma apretujaítas, igual no necesitas aguantar más… igual necesitas una horma nueva: más espacio, menos postureo... más ir a tu rollo.

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