Ancas sin anfibios
RecetaHoy toca un clásico con giro de bosque: “ancas de rana”… pero en versión respetuosa. O sea, hacemos unas ancazetas (ancas de seta) que quedan crujientes por fuera, tiernecitas por dentro y tú diciendo: “menudo salto culinario”.
Ingredientes:
- 300-400 g de setas de ostra (pleurotus), deshilachadas en tiras “tipo muslito”
- 2 dientes de ajo, bien picaos (pa darle carácter de charca elegante)
- Un buen puñado de perejil fresco (verde nenúfar)
- Ralladura y zumo de 1/2 limón (el salto ácido)
- Para rebozar: 1 huevo o 4 cucharadas de aquafaba (el líquido del bote de garbanzos) y 80-100 g de pan rallao
- 1 cucharadita de pimentón (opcional, pero te pone el plato con capa)
- Sal, pimienta
- Aceite de oliva para freír suave o hacerlas a la plancha con alegría
Preparación:
Primero hacemos el “adobo charquero”: en un bol mezclamos ajo, perejil, limón, sal, pimienta y, si te va, pimentón. Echamos las setas y las manoseamos con cariño, como quien masajea un problema hasta que se rinde. Las dejamos reposar 10-15 minutillos.
Ahora el rebozado: pasas las setas por huevo (o por aquafaba si vas en modo vegetal) y luego por pan rallado. No hace falta empanado de armadura medieval, solo una capita crujiente.
Sartén con aceite a fuego medio-alto. Doras las ancazetas por tandas, sin amontonarlas, que si no se ponen tristonas y blandengues. Cuando estén doraditas, las sacas a un plato con papel.
Las sirves con un chorrito de limón extra y, si te apetece, una ensaladita o unas papas al horno. Y ya está: sabor de “bistró” con conciencia de bosque.
Consejo del bosque: si hoy te apetece algo potente, que sea potente sin pisar a nadie. Se puede crujir con alegría y seguir queriendo a las ranas vivitas, que ellas bastante curro tienen con su metamorfosis.