Hecho con alma
Cada Magikito sale a mano del taller de Carmen, en Taramundi, con su propio carácter y sus manías. No hay dos iguales y ninguno se parece a lo que encuentras en una tienda cualquiera.
Por eso no es un regalo de relleno. Es una criatura que se queda en casa, que acompaña, y que años después sigue ahí cuando casi todo lo demás ya se ha olvidado.