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Hay criaturas que hacen ruido para demostrar su magia y luego está esta hadita, que curra en silencio como quien riega musgo al amanecer. Mientras duermes, va pasando entre la almohada y el aire con una calma que mola un huevo, revisando que ningún sueño se descosa por las esquinas. Sus alas doradas sueltan destellos finitos, de esos que no deslumbran, pero dejan la habitación con esa luz suave que parece decir: eh, aquí todo está bien.

Es frágil de aspecto, sí, pero no confundas delicadeza con debilidad. Tiene la serenidad de las criaturas que conocen bien la noche y no le tienen miedo. Mide 19 cm de pura paciencia luminosa y se dedica a cosas bastante serias, aunque con encanto de bosque:

  • espanta sobresaltos con aleteos pequeñitos
  • desenreda sueños raros antes de que te despierten torcido
  • deja miguitas de calma sobre la frente

Cuando todo se queda en silencio, se posa cerca y vela por ti como una compañera antigua. De esas que no prometen milagros enormes, pero consiguen que dormir se sienta de lujo.

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