En el bosque de Taramundi tenemos dos certezas: que la niebla es el bosque respirando… y que en cuanto alguien dice “ralentizar el envejecimiento”, los humanos se ponen más nerviosos que un mosquito viendo una farola nueva.
Pues resulta que una vacuna, la del herpes zóster, podría estar relacionada con un envejecimiento un pelín más “majo” en algunas señales del cuerpo. Ojo: no es que te pongas la vacuna y de repente tus rodillas vuelvan a sonar como musgo recién pisado. Pero la cosa tiene su aquel.
Un estudio con 3.884 participantes analizó varios indicadores importantes del envejecimiento: inflamación (que es como cuando el sistema inmune se pone en modo “guardia del castillo”), cómo funcionan las defensas (innatas y adaptativas, o sea, las que ya vienen de serie y las que aprenden), el tema del flujo de sangre por corazón y vasos, la neurodegeneración y también esos “relojes biológicos” que suenan a reloj de cuco, pero en versión celular.
¿Qué vieron los científicos? Que las personas vacunadas mostraban perfiles más favorables en algunos marcadores, sobre todo en inflamación y en lo relacionado con esos relojes biológicos. Traducido a idioma Magikito: podría sugerir un envejecimiento molecular más lento. En otros parámetros no se vio tan claro, pero tampoco aparecieron efectos negativos asociados.
Calma, que esto no es un hechizo: es una pista
Desde la Sociedad Española de Inmunología (SEI) han levantado la ceja con elegancia gatuna: las conclusiones son interesantes, sí, pero no es un ensayo clínico. Esto significa que no se puede decir “la vacuna causa tal cosa” con la seguridad con la que una urraca afirma que ese objeto brillante era suyo desde siempre.
Además, hay un detalle importante: para demostrar bien el efecto habría que estudiar a la gente antes y después de vacunarse. Si no, puede pasar que quienes se vacunan también tengan hábitos más saludables (coman mejor, se muevan más), y entonces el mérito podría estar repartido entre la vacuna y el tupper de lentejas bien hecho.
Aun así, los autores del estudio —publicado en Journals of Gerontology— lo califican de “inesperado” y creen que abre una vía para investigar si las vacunas, además de prevenir infecciones, podrían modular sistemas biológicos relacionados con envejecer de forma más saludable.
Y ya que estamos: en España la vacuna del herpes zóster se metió en el calendario en 2023 para la población de 65 años. No es obligatoria, pero sí muy recomendable, porque con la edad bajan las defensas frente al zóster. Y es una vacuna muy segura y con alta eficacia: genera respuesta inmune en más del 90%.
Por si alguien lo tiene difuso como nube con flow: el herpes zóster lo causa el mismo virus de la varicela. Se queda escondido en los nervios y puede reaparecer años después como una erupción dolorosa (la famosa “culebrilla”), y en algunos casos deja dolor del nervio durante mucho tiempo. Así que, si encima de evitar ese drama resulta que tu “reloj interno” se pone menos dramático… nosotros decimos: investigación, adelante, pero sin vender pociones. Que las prisas envejecen más que las arrugas.