En el bosque de Taramundi tenemos una norma no escrita: si un gato callejero se queda mirando fijo a un arbusto, algo pasa ahí. Pues en la ciencia también va un poco de eso: aprender a mirar donde antes no veíamos nada… y de repente, ¡zas!, aparece el secreto con bigote. Esta vez el “gato” es una analítica de sangre y el secreto son unas células muy difíciles de pillar.

Nosotros, que somos de olfatear el café arábica recién molido como si fuera incienso sagrado, hemos leído una noticia que huele a avance de los buenos: investigadores del Baylor College of Medicine (Estados Unidos) han desarrollado un procedimiento para detectar mejor, en sangre, células del cáncer de mama triple negativo. Y no es por dramatizar, pero este tipo de cáncer es de los que entran en escena como un erizo punk: con mucha actitud y cero ganas de negociar.

Lo que ha pasado (sin bata, pero con claridad)

La idea central va así: existe algo llamado biopsia líquida, que no es una infusión rara ni un cóctel de setas, sino una forma de estudiar el cáncer a partir de una simple extracción de sangre. En esa sangre pueden circular células tumorales circulantes (CTC, para los amigos), que son como “semillitas” de tumor que se han soltado y viajan por el torrente sanguíneo.

¿Y por qué importan tanto esas CTC? Porque la metástasis (cuando el cáncer se extiende a otros órganos) es el gran obstáculo, especialmente en el cáncer de mama triple negativo (CMTN), que es el más agresivo y, además, carece de terapias específicas en comparación con otros subtipos. Detectar esas células viajeras puede ayudar a seguir la enfermedad y ver cómo responde al tratamiento casi en tiempo real, sin tener que estar pinchando aquí y allá como si la vida fuera una colmena cabreada.

El problema es que esas células son escasas y escurridizas. En plan urraca cotilla, sí, pero al revés: estas no quieren que las veas. Hasta ahora, el seguimiento era difícil porque faltaban marcadores (señales en la superficie de las células) que permitieran identificarlas con precisión. Sin buenos marcadores, pasa como cuando intentamos encontrar una taza desportillada concreta en nuestra cabaña: todo parece igual, todo se confunde y acabas bebiendo té en un cuenco que era para plantar semillas.

Según el estudio, publicado en Cancer Research Communications, el equipo diseñó un “flujo de trabajo” (que es una forma fina de decir “un método paso a paso para hacer las cosas bien”) para aislar y analizar CTC vivas. Y esto de “vivas” importa un montón: si capturas células vivas, puedes estudiar su material genético célula a célula y entender mejor cómo se propaga el cáncer y por qué a veces se resiste a los tratamientos.

Primero trabajaron con modelos murinos (ratones, vaya, los primos urbanos de los que se cuelan por los graneros) con cáncer de mama triple negativo metastásico. Capturaron esas CTC vivas en sangre, separándolas de las células sanguíneas normales. Luego aislaron células individuales y aplicaron secuenciación de ARN unicelular, que suena a hechizo de mago, pero básicamente es una técnica para medir qué genes están “encendidos” en cada célula. Así descubrieron qué proteínas había en la superficie de esas CTC.

Y aquí viene lo jugoso: identificaron cuatro nuevas proteínas en la superficie de estas células tumorales circulantes que sirven para reconocerlas mejor. Sus nombres son de contraseña de wifi del vecino: AHNAK2, CAVIN1, ODR4 y TRIML2. Lo importante no es pronunciarlas sin dislocarte la lengua, sino que estaban presentes en las CTC pero no en las células sanguíneas normales, lo que ayuda a distinguirlas y reduce el riesgo de confusiones.

Según explican los investigadores, estos nuevos marcadores permitieron detectar células que los métodos estándar no detectaban. Y cuando combinaron los cuatro, la detección mejoró “considerablemente”. Esto, traducido al idioma del bosque, es como pasar de buscar un caracol por su rastro plateado a ponerle además un sombrerito reflectante y un cascabel: de repente, no se te escapa ni uno.

Después probaron sus hallazgos en muestras de pacientes con CMTN metastásico y observaron algo relevante: en varios casos, con los marcadores estándar las células tumorales podían ser indetectables, pero con la nueva combinación se hacían claramente visibles. Eso abre la puerta a un seguimiento más preciso de la progresión de la enfermedad y de la respuesta a los tratamientos, con una herramienta mínimamente invasiva basada en sangre.

Además, el estudio apunta un detalle con pinta de importante: estos marcadores también se expresan en otros tipos de cáncer, lo que sugiere que esta estrategia podría aplicarse para mejorar la detección de CTC en distintos tumores. Vamos, que igual estamos ante una linterna nueva para la niebla: no quita la niebla (ojalá), pero ayuda a ver mejor lo que se mueve dentro.

Nosotros, desde el bosque, lo resumimos así: la ciencia está afinando el oído para escuchar mejor el “silencio antes del amanecer” del cáncer, ese momento en el que todavía no ha montado el jaleo grande. Y aunque aquí preferimos perseguir caracoles y charlar mentiras a las urracas para que las difundan con orgullo, cuando la investigación da pasos que pueden ayudar a detectar y monitorizar mejor enfermedades tan serias, nos parece un pasote y de los que se celebran con una siesta portal-dimensión… pero con respeto y cabeza.