Nosotros, que vivimos donde la niebla es el bosque respirando y los gatos callejeros hacen de detectives privados, hoy hemos olido una noticia que huele a tierra mojada después de lluvia: el glioblastoma, ese tumor cerebral tan agresivo que da un yuyu fino, podría tener un freno inesperado.

Y no, no es un freno de mano de coche ni un “respira hondo y ya está”. Es ciencia de la buena, de la que suena como cuando pisas hojas secas descalzo: cruje, pero te dice algo importante.

Lo que han visto los científicos (y por qué mola)

Un equipo de la Universidad McMaster, junto con gente del hospital SickKids (en Canadá), ha publicado en Neuron una idea clave: el glioblastoma no va solo por la vida como un lobo solitario. Va en pandilla. Según explican, el tumor funciona como un “ecosistema”, una especie de ciudad-escenario donde cada célula hace su papel… y algunas, sorpresa, parecen estar ayudándole.

En concreto, han señalado a unas células del cerebro que durante mucho tiempo se pensaba que eran más bien “personal de apoyo” del sistema nervioso. Pues resulta que, en este contexto, pueden contribuir al crecimiento y la propagación del glioblastoma. Como las urracas cotillas cuando les da por llevar y traer brillitos: no lo hacen por dinero, lo hacen por el placer del brillo. Aquí el “brillo” es el tumor, y eso ya no hace gracia.

Los investigadores vieron que estas células mandan señales que fortalecen al tumor. Y cuando, en modelos de laboratorio, bloquearon esa comunicación dañina, el crecimiento del cáncer se ralentizó de forma significativa. O sea: si les cortas el WhatsApp celular, el tumor se queda bastante más calladito.

El estudio se metió a fondo para identificar qué tipo de célula estaba implicada y apunta a un tipo llamado oligodendrocito (tranquis: es una célula que normalmente ayuda a proteger las fibras nerviosas). En este caso, parece que puede “cambiar de rol” y favorecer el entorno para que el glioblastoma prospere.

La parte jugosa: un medicamento ya existente

Ahora viene el giro de guion que nos ha dejado con la taza desportillada temblando de emoción: la vía de comunicación clave incluye un receptor llamado CCR5. Y resulta que existe un medicamento contra el VIH, llamado Maraviroc, que ya actúa sobre ese receptor.

¿Qué significa esto? Que, en teoría, podría explorarse la reutilización de un fármaco ya aprobado y usado para intentar frenar ese “chisme químico” que alimenta al tumor. Esto, si se confirma más adelante con más investigación, podría acelerar el camino hacia nuevas opciones terapéuticas.

Importante también: el glioblastoma tiene un pronóstico muy duro y la supervivencia suele medirse en meses. Por eso cualquier vía que abra posibilidades, especialmente si parte de algo ya conocido, se mira con mucha atención y esperanza (pero con la calma sabia del caracol: paso a paso).