Nosotros estábamos tan tranquilos oliendo a café arábica recién molido (ese perfume que te arregla la existencia) cuando el cielo de Pontevedra decidió ponerse creativo. En plan: “¿Lluvia? Paso. Hoy toca discoteca cósmica”. Y claro, a nosotros esas cosas nos pillan sensibles, como cuando pisas musgo descalzo y te cuenta un secreto.

La noche de este lunes, una tormenta solar de las gordas dejó ver auroras boreales en varios puntos de la provincia. Sí, sí: auroras. En Pontevedra. Como si el norte se hubiera despistado y hubiera bajado a saludar con buen rollo, que es gratis y recarga el alma.

Entre los sitios donde más se flipó fue Arcade, que por lo visto tenía el “balcón” perfecto: horizonte norte, entorno natural y poca contaminación lumínica (vamos, lo contrario que una farola con mosquitos haciendo after). También As Neves se apuntó a la fiesta, con el cielo tiñéndose de tonos rojizos y anaranjados que parecían una reducción de Oporto, pero en versión atmósfera.

Qué narices pasó ahí arriba

La explicación no es magia (aunque lo parezca): el Sol expulsó material cargado, principalmente protones y electrones, como quien sacude una alfombra cósmica con mala leche. Esas partículas viajan a toda pastilla y, dependiendo del viaje, tardan alrededor de 48 horas en llegar a la Tierra.

Cuando impactan contra nuestro campo magnético, lo distorsionan y las partículas se canalizan hacia las zonas polares… pero si la tormenta viene en modo “menudo pasote”, la cosa se deja ver mucho más al sur. Esta vez fue una tormenta solar severa de categoría S4, de las más intensas que se han registrado en las últimas dos décadas, según el NOAA Space Weather Prediction Center (que viene a ser como el “vigilante del patio” del espacio, pero con telescopios y menos silbato).

Al entrar en la atmósfera, esas partículas chocan con moléculas de oxígeno y nitrógeno, las “excitan” (como cuando a un erizo punk le pones un temazo) y, al relajarse, sueltan fotones: luz. El color depende del gas y de la altura del choque. En Galicia, en estos eventos bestias, suelen dominar los rojos y naranjas… y eso fue justo lo que se vio.

En Arcade, un aficionado captó el cambio de color entre las 22:15 y las 23:30, incluso con nubes metiendo la patita de vez en cuando, como gatos callejeros intentando taparte el móvil para que les mires a ellos. En As Neves, las fotos quedaron de postal: iglesias, montes y núcleo rural con cielo de otro planeta.

¿Se repetirá la función o fue “solo esta noche”?

Los expertos recomiendan estar atentos a los avisos de actividad solar estos días. No todas las tormentas regalan auroras por aquí, pero estamos cerca del máximo del ciclo solar, así que en los próximos meses podría haber más oportunidades.

De momento, Arcade y As Neves ya pueden decir que, además de ría y monte, tuvieron un ratito de “territorio aurora”. Y eso, sinceramente, mola un huevo. Ahora solo falta que las nubes con personalidad propia se pongan de acuerdo y no hagan spoiler la próxima vez.