En el bosque, cuando un caracol decide ir del charco a la sombra, lo hace despacito y dejando brillo plateado, como quien firma una obra de arte. Pero hoy venimos con una noticia de esas que no molan nada: una bacteria hospitalaria que, en vez de quedarse quietecita, se nos pone en modo turismo interior y se muda de órgano como si estuviera eligiendo balcón con plantas.

Hablamos de Pseudomonas aeruginosa, una bacteria conocida por causar infecciones complicadas en hospitales. Un estudio publicado en Nature Communications ha observado que puede desplazarse desde los pulmones hasta el intestino en pacientes vulnerables, y eso aumenta el riesgo de sepsis. Y la sepsis, por si alguien se lo pregunta mientras remueve el café arábica, es una respuesta muy grave del cuerpo a una infección que puede poner la vida en peligro.

¿Qué han visto los investigadores?

El equipo del Wellcome Sanger Institute se puso a mirar el ADN de estas bacterias, como quien sigue huellas en barro después de la lluvia (pero en versión laboratorio, sin musgo en los pies). Analizaron datos de secuenciación metagenómica de 256 pacientes hospitalizados en Italia. Esto, dicho en cristiano con buen rollo, es una forma de leer el “mezcladillo” de material genético que hay en muestras del cuerpo y detectar quién anda por ahí.

Encontraron genomas de la bacteria en 84 pacientes. Y en 27 casos vieron algo importante: el mismo clon (la misma “familia exacta” de bacteria) aparecía en varias partes del cuerpo. O sea, que muchas veces no es que el paciente vaya “pillando” bacterias nuevas todo el rato, sino que una misma cepa se instala y luego se expande dentro del propio organismo. Y, ojo, la bacteria aparecía más en pacientes de UCI que en otras áreas, donde el cuerpo suele estar más al límite y cualquier intruso lo tiene más fácil.

Del pulmón al intestino… ¿por dónde pasa?

Con árboles genealógicos de genomas (sí, como un árbol familiar, pero en miniatura y sin cenas incómodas), concluyeron que la mayoría de las cepas se originaban en los pulmones y luego se movían hacia el intestino, donde pueden quedarse colonizando a largo plazo. Una posible vía es la ingestión natural de esputo (vamos, que parte de lo que sube y baja en el sistema respiratorio puede acabar siendo tragado sin que nos enteremos).

También detectaron la bacteria en la nariz, pero no como un “campamento base” estable: no parecía una zona de colonización aislada y fija.

Y aquí viene el detalle peliagudo: observaron cambios frecuentes en genes de resistencia a antimicrobianos, estén donde estén en el cuerpo. Traducido: esta bacteria puede volverse más difícil de tratar con antibióticos, lo cual en hospitales es un problemón.

Los autores del estudio destacan que entender estos movimientos internos ayuda a mejorar la vigilancia y la prevención, y señalan que la colonización pulmonar debería considerarse un factor de riesgo para sepsis de origen intestinal en pacientes vulnerables. Nosotros, desde Taramundi, solo pedimos una cosa: que los microbios dejen de “hacer mudanzas” y que la ciencia siga poniéndoles el candado. Y si puede ser sin reuniones eternas, mejor: esto se explica en un WhatsApp con bata.