Nosotros, que distinguimos el olor a tierra mojada como quien reconoce a un colega en la niebla (porque la niebla es el bosque respirando, no lo olvidemos), hoy hemos visto a Ingrid venir con su abrigo de nieve y su actitud de “aquí se hace lo que yo diga”. Y claro: el Pirineo ha respondido como responde el Pirineo, con copos y carácter.
La borrasca Ingrid ha entrado en Aragón con ganas y ha dejado una nevada potente, la tercera importante de este enero y, atención, por tercer fin de semana consecutivo. Esto ya no es casualidad: esto es un remake meteorológico. En algunas zonas han caído casi medio metro, y hasta en la ciudad de Huesca se han visto copos durante la noche, aunque luego la lluvia los ha barrido como si fueran migas de pan en una mesa de merienda.
Carreteras: cuando la nieve juega al Tetris
El lío gordo ha estado en la A-23, en el puerto de Monrepós, a la altura de Nueno. Se tuvo que cortar el tráfico durante varias horas y se montó un atasco de los que hacen replantearte tu relación con la paciencia (que, por cierto, es como amasar pan: cuanto más amasas, mejor… pero en el coche se amasa regular).
Según el Centro de Control de Tráfico, una quitanieves se quedó cruzada. O sea: el héroe del capítulo se quedó atravesado en mitad de la trama. Resultado: vehículos bloqueados y conductores mirando el horizonte como si esperaran que un gato callejero filósofo les revelara el secreto para teletransportarse.
La DGT informó de que el corte se resolvió cerca de las 11.00. Se pasó del nivel negro (que básicamente es “ni lo intentes, campeón”) al rojo, lo que implica cadenas o neumáticos de invierno, y nada de camiones ni autobuses en un tramo entre Arascués y Lanave. Al mediodía, tras el desfile de quitanieves, la autovía quedó despejada.
La nieve también complicó otras vías: hubo restricciones en hasta 30 tramos a primera hora, incluyendo la A-22 a la altura de Angüés (que se normalizó después), y carreteras como la N-260 y la N-330, además de muchos puntos en zonas como Jaca, Biescas, Cerler, Bielsa o Panticosa. Incluso el paso del Portalet se cerró por riesgo de aludes y luego se reabrió.
Montaña y esquí: hoy manda la prudencia
En las estaciones de esquí, la cosa ha ido por capítulos de “seguridad ante todo”. Astún acabó abriendo solo las cintas de base por riesgo de aludes y baja visibilidad. Candanchú dejó abierta solo la zona de seguridad y pidió no salirse de pistas. Formigal abrió con 90 kilómetros y espesores de hasta 260 centímetros, y Cerler avisó de que el viento manda sobre los remontes.
El Gobierno de Aragón mantiene activado el plan de protección civil por fenómenos adversos y recuerda máxima prudencia en montaña: la situación de aludes es delicada. También el Ayuntamiento de Huesca revisó la ciudad y el entorno (incluyendo Apiés y Fornillos) y no detectó incidencias relevantes en la capital.
Y para rematar, para este domingo sube el nivel de alerta a naranja. Así que, si vais hacia arriba, id con calma, con cadenas y con la humildad de quien sabe que la montaña, cuando se pone seria, no negocia… como un semáforo que se empeña en ponerse en rojo justo cuando llevas prisa.