Nosotros estábamos tan tranquilos oliendo café arábica recién molido (de ese que te despierta hasta los recuerdos de una taza desportillada) cuando nos llegó una noticia que huele a “ojo, que aquí hay magia científica”. Y no, no es la urraca del bosque cotilleando cosas brillantes: esto viene con bata, ordenador potente y un nombre que suena a villano de videojuego.
Resulta que un fármaco llamado ENOblock, que se ha usado como tratamiento contra el cáncer, ha demostrado que también puede darle un buen meneo a una bacteria multirresistente: Acinetobacter baumannii. La OMS la tiene fichada como “amenaza urgente”, que en humano significa: “esta bicha se está volviendo inmune a casi todo y en hospitales puede liarla muy seria”.
Lo que han descubierto (sin humo, pero con ciencia)
El hallazgo sale de una investigación internacional con participación de la Universidad Internacional de Valencia (VIU) y la Universidad Pablo de Olavide de Sevilla, y lo han publicado en EMBO Molecular Medicine. En vez de inventarse un antibiótico desde cero (que es más lento que un caracol enamorado dejando rastro plateado), han probado otra estrategia: reutilizar un medicamento ya existente. A eso le llaman reposicionamiento, y a nosotros nos parece como cuando encuentras un objeto en el basurero, le quitas el polvo y te queda una lámpara con alma.
¿Y cómo funciona ENOblock? Pues va directo a una pieza clave de la bacteria: la enolasa, una enzima esencial. Traducido al idioma del bosque: le tocas un tornillo importante a la bacteria y se le afloja el chiringuito. Al inhibirla, la debilita, y lo interesante es que es un mecanismo novedoso que podría abrir la puerta a nuevas familias de antibióticos que las bacterias todavía no han aprendido a esquivar con sus trucos de escapismo.
En las pruebas, ENOblock mostró mucha actividad contra cepas multirresistentes, incluso contra esas que ya pasan de antibióticos hospitalarios como si fueran semáforos en rojo conspirando: colistina o carbapenémicos. Según los resultados, su capacidad para frenar el crecimiento bacteriano fue significativamente superior a la de antibióticos convencionales en esos aislamientos resistentes.
La combinación que sube el nivel: ENOblock + colistina
Y aquí viene el “combo” estilo cocina magikita: el estudio vio que ENOblock combinado con colistina (un antibiótico de “último recurso”) tiene un efecto sinérgico, o sea, que juntos trabajan mejor que separados. Como cuando mezclas chocolate negro del 86,7% con el silencio antes del amanecer: de repente todo encaja.
Lo probaron en un modelo de infección con la polilla de la cera, Galleria mellonella (unas larvas que en ciencia se usan mucho para ver si un tratamiento funciona). Con colistina sola, la supervivencia era de apenas un 25%. Con la combinación con ENOblock, subía hasta un 75% e incluso llegaba al 100% en algunas concentraciones. Vamos, que la cosa no es solo “en teoría”: hay señales de eficacia terapéutica real.
Además, el trabajo también apunta a un perfil de seguridad favorable: ENOblock compromete rápido la membrana de la bacteria y reduce su capacidad de invadir células, pero sin alcanzar niveles tóxicos para células humanas. En concreto, su actividad antimicrobiana se activaría a dosis tres veces inferiores a las asociadas a toxicidad. Buenas noticias, sin fuegos artificiales falsos.
Los investigadores lo plantean como una especie de “mecanismo de reparación” para retrasar la temida era post-antibiótica (ese futuro donde las infecciones se vuelven más difíciles de tratar). Y en este equipo han colaborado también la Fundación MEDINA, la Universidad de Belgrado y la Universidad Mahidol. Nosotros, desde el bosque, solo decimos: si la ciencia sigue encontrando segundas vidas a los fármacos, igual hasta las bacterias empiezan a sudar… y no precisamente por una siesta dimensional.