En el taller decimos que es de los duendes que llegan sin hacer ruido, como una siesta que te pilla de sorpresa. Mide unos 20 cm con el gorro puesto, y aun así pasa desapercibido, porque tiene ese talento raro de volverse “fondo” cuando el mundo va demasiado alto.

Lleva una chaquetilla rosa palo que parece hecha con calma, y un gorro del color exacto del cielo cuando el crepúsculo se pone a pensar. Le mola que los humanos le escuchen de verdad: no por drama, sino por concentración, como quien huele café recién molido y se calla para no romper el hechizo.

  • Se esconde cerca de tazas desportilladas, dice que ahí los consejos saben más auténticos.
  • Susurra bajito cuando llueve, porque la lluvia hace de música de fondo.
  • Se ríe cuando alguien por fin apaga el móvil sin miedo.

Si notas una vocecita dulce que te deja en calma, no te rayes: seguramente está ahí, guiñándote el ojo desde el borde de una sombra.

Un segundo: confírmanos que eres una persona