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Este abuelito del bosque es pura alegría cocinada a fuego lento. Paseando esta mañana por el río, encontró un botón gigante pulido por los siglos. Lo lleva cosido en su chaqueta con hilo de zarza, convencido de que el río le regaló ese amuleto por su experiencia.
Siempre lleva su candil encendido; le gusta ver la luz bailar en tus pensamientos y señalar el camino amable. En el gorro le crecen líquenes de madera centenaria; dice que son antenitas de sabiduría y que le cuentan los secretos de los árboles cuando el viento los alborota.
- Le chifla el olor a tierra mojada tras la lluvia; lo aspira cual perfume universal.
- Colecciona piedras lisas del río y les cuenta chismes milenarios.
- Sus siestas bajo el roble son portales a dimensiones donde todo va más lento y la mermelada sabe a nube.
Si te sientas a su lado, te contagiará su calma de caracol feliz y entenderás que no hay prisa cuando la luz te acompaña. No le pidas que madrugue, las alarmas y él son enemigos íntimos desde antes de los relojes.