La gran tormenta y la alianza de los dones. El Valle de los Magikitos era un lugar diverso. Los duendes vivían en las raíces, las hadas en las copas de los árboles y los animales mágicos en los arroyos. Durante siglos, cada grupo creía ser superior. Los duendes se burlaban de la fragilidad de las hadas y las hadas se mofaban de la lentitud de los animales.

Entonces llegó la gran tormenta de sombras. No era una tormenta común: borraba los colores y silenciaba los sonidos. Cada grupo intentó defenderse por separado. Los duendes crearon escudos de piedra, pero las sombras los rodeaban. Las hadas crearon muros de luz, pero la oscuridad los consumía. Los animales intentaron guiar a todos hacia los túneles, pero no podían ver nada.

Y, finalmente, una pequeña duende, una hada de alas plateadas y un zorro mágico se reunieron en el centro del valle. Decidieron trabajar juntos. Los animales usaron su oído sensible para detectar la dirección de las sombras. Las hadas unieron sus luces para crear un faro potente, y los duendes usaron su fuerza para levantar barreras donde la luz era más débil.

Al combinarse, las sombras no pudieron hacer nada. Entendieron que, aunque eran diferentes, esa diferencia era su mayor fortaleza. Aprendieron que la verdadera magia no vive en un individuo, sino en el puente que construimos cuando aceptamos que nos necesitamos los unos a los otros.

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