Muy buenos días a todos. Esto es un minicuento de los Magikitos que os voy a contar en esta bella mañana mientras camino hasta el aeropuerto.

Iba yo caminando un día por un bosque guapísimo, con árboles bien frondosos, y me sentía tranquilito por el caminito. Y, de pronto, me encuentro unos ojitos… unos ojitos tan chiquininos, escondidos detrás de una seta.

Me acerqué y, además de los ojitos, había unas orejitas puntiaguditas haciendo tilín, tilín, tilín. Resulta que era un duendecillo. Le digo: «Hombre, buenos días, chavalín, ¿qué pasa, cómo estamos?». Y me contesta: «Muy bien, tío, estoy súper bien; hoy estoy de puta madre. Me acabo de despertar y voy a ir a recolectar un poquito de agua de la lluvia».

—¿Y eso para qué? —le pregunté—. «Para lavarme la cara y también los pies», me dijo. «La recojo en el recoveco junto al río, donde brillan las aguas cristalinas, subterráneas, subcutáneas».

Le pedí que me lo enseñara y me soltó: «¡Sí, vamos!». Pegó un salto a lo alto de la seta y se puso a caminar, súper motivado, entre la maleza. Lo seguí: pim pam, pim pam… hasta llegar a un conjunto de rocas majestuosas, de esas que si no te fijas no las ves, pero si te fijas lo ves muy claro.

Entonces el Magikito se metió en un huequecito entre las rocas y lo perdí de vista. Pensé en lo chiquitito que era, la suerte que tenía para explorarlo todo… pero a los pocos segundos salió y me dijo: «Oye, compadre, ¿vienes conmigo?».

—¿Pero cómo quieres que yo me meta ahí dentro? —protesté—. «Grande, eres tan grande como tu corazón», me respondió. Y añadió que tenía una cosita para que me la comiera y pudiera entrar con él.

Me dio algo que parecía una pipa de calabaza (pero no lo era). Me lo comí y, instantáneamente, me convertí en una versión mini de mí mismo: ya podía verlo todo desde la estatura de un Magikito chiquinino. La roca, guapísima… y por dentro, una locura increíble: un microecosistema con playa, arbolitos con hojas de colores, y coco y plátanos colgados del mismo árbol.

Me senté allí y el Magikito me dijo: «Está guapísimo, ¿verdad? Pues eso no es todo. Como Magikito que ahora eres, vas a descubrir un montón de maravillas».

Y aquí se acaba la cosa. Estoy muy, muy contento. No sé si lo he soñado o no… pero es algo fantásticamente maravilloso.

0:00

Este cuento también aparece en

Tu cesta: 0,00 €