Los Magikitos en la cuchillería de Taramundi.
Los Magikitos no pueden estarse quietos y, al salir de la quesería, han decidido explorar más lugares mágicos de Taramundi. Después de merendar queso hasta casi no poder moverse, escucharon un sonido que venía de las afueras. Plom, plom, plom. Era el ritmo de los martillos golpeando el metal.
Sin pensarlo dos veces, se deslizaron colina abajo hasta el museo de la cuchillería. «¡Mirad qué cuchillo más gigante!», gritó un Magikito, señalando la famosa navaja de más de siete metros que guarda la entrada. Con mucho cuidado de no pincharse, los pequeños seres se asomaron al taller para ver cómo los artesanos daban forma a las hojas con el fuego y el agua.
Para ayudar, los Magikitos más fuertes usaron su magia para soplar las brasas de la forja, haciendo que las chispas saltaran como fuegos artificiales. ¡Vaya un espectáculo de luces!
Pero la aventura no terminó ahí. Siguiendo el curso del río, llegaron de nuevo al museo de los molinos de Mazonovo. Aquello era un parque de atracciones para ellos. Al ser un museo interactivo, los Magikitos se dividieron en equipos para hacer girar las piedras de los 19 molinos diferentes.
Un grupo se encargó de moler un poco de trigo para hacer harina mágica que brillaba en la oscuridad. Otro grupo se montaba en las ruedas hidráulicas, dejándose salpicar por el agua fresca del río Cabreira. Al finalizar el día, todos terminaron cubiertos de un polvillo blanco de harina, pareciendo pequeños fantasmas sonrientes que correteaban entre los canales.
Y recuerda: si te has enamorado de estos pequeños aventureros y quieres que uno de ellos te acompañe a casa, puedes encontrar a tu propio Magikito en el telar de Susana. Es una tienda preciosa, llena de artesanía auténtica y los mejores productos locales. El lugar perfecto donde la magia de Taramundi se convierte en recuerdo.