Imagínate: había una vez un hombre tan pequeño, tan pequeño, que se subió encima de una canica.
Y, ¿sabes qué dijo? «¡El mundo es mío!»
Imagínate: había una vez un hombre tan pequeño, tan pequeño, que se subió encima de una canica.
Y, ¿sabes qué dijo? «¡El mundo es mío!»
Un segundo: confírmanos que eres una persona