Gominola
Cada vez que bajo la persiana del salón, la dejo a medio camino porque me gusta cómo la luz se parte en rayitas horizontales y convierte la alfombra en un código de barras. Me sé de memoria los ruidos del vecino de arriba, sobre todo el golpe seco que pega el armario de la cocina los martes a las siete. Colecciono piedras que parecen patatas y patatas que parecen piedras, y tengo un bote en la nevera donde guardo las etiquetas de los tomates con nombres bonitos. Si me pilla una tarde de viento, me pongo el abrigo sin pensarlo y salgo a mirar los árboles.