El archivo pegajoso

Ciencia

Nos hemos metido en una cueva y hemos encontrado un pendrive viejo que ponía “IMPORTANTÍSIMO”. Lo abrimos y… 1490 fotos del mismo gato. Ahí nos picó la curiosidad: ¿por qué nos cuesta tanto borrar cosas digitales si luego ni siquiera las miramos?

Nosotros lo llamamos “Diógenes digital” porque se parece al síndrome de acumulación, pero con un ingrediente nuevo: lo digital no ocupa sitio en tu salón.

¿Qué tiene de “Diógenes” guardar archivos digitales?

Piensa en un armario. Si metes diez chaquetas iguales, acabas notando el caos. En el móvil, en cambio, metes diez fotos iguales no pasa ná. Como no vemos el bulto, el cerebro dice: “tó pa dentro”. El problema es que luego, cuando buscas algo, te pierdes en una jungla de copias y te da pereza hasta respirar.

¿Por qué borrar duele más que guardar?

Porque la cabeza por naturaleza tiene un programita interno de aversión a la pérdida. Es como cuando te dicen: “¿prefieres ganar 5 euros o evitar perder 5?”. Mucha gente prefiere evitar perder. Borrar se siente como perder “para siempre”, aunque sea una captura repetida de la pantalla de bloqueo.

¿Qué pinta el “coste cero” en todo esto?

Guardar basurilla digital hoy en día es baratísimo y rápido. Un toque y listo. Borrar, en cambio, te obliga a decidir. Y decidir cansa. Es la fatiga de decisión, como cuando estás delante de un cajón de tuppers sin tapas y te quedas bloqueado. Además, los humanos se flipan con el futuro... “igual un día lo necesito”. Ese día casi nunca llega, y cuando llega ni se acuerdan de lo que tenían.

¿Cómo puedo borrar cosas sin miedo?

Con reglas tontas pero útiles: “si tengo 7 fotos iguales, me quedo con la que de verdad me hace sentir algo”, o “si no sé ni lo que es, pa la basura”. Es convertir el borrado en una rutina pequeñita, porque borrar cosas en el fondo también da placer.

Interpretación de los Magikitos: no guardas archivos, guardas la pereza de no borrarlos. Así que hoy ponte las pilas y dale de comer a la papelera de reciclaje, que ella también tiene derecho a comer de vez en cuando.

Duende del Estudio
Escrito por Duende del Estudio
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