Cuando el bosque entró en el diccionario

Historia

Hubo un momento en que la gente dijo: “esto que sentimos en la naturaleza… hay que nombrarlo”.

El concepto de shinrin-yoku no nació en una cabaña mística, sino en Japón en los años 80, cuando desde las instituciones forestales se empezó a promover la idea de ir al bosque como práctica de bienestar.

Lo bonito es que esa formalización abrió una puerta. Si le pones nombre, puedes estudiarlo, recomendarlo y discutirlo sin que te miren como si estuvieras hablando con un roble.

Con el tiempo, la investigación se fue haciendo cada vez más grande y hoy el término viaja por medio mundo. Y a nosotros nos hace gracia porque es como ver a un duende firmando papeles: la naturaleza, que siempre estuvo ahí repartiendo buen rollo, de repente tiene un sello oficial.

Moraleja taramundiana: a veces no necesitas inventar nada nuevo. Solo necesitas reconocer lo que ya te hacía bien y darte permiso para repetirlo sin culpa.

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