El soplido de Galileo

Historia

Hoy dando un paseito por el basurero nos encontramos un tubito de cristal tela de viejo, con toda la cara de “yo he medido inviernos de verdad”. Y nos dio por tirar del hilo: ¿quién fue la primera persona que dijo “vale, el frío no se ve, pero yo lo voy a medir con un cacharro”?

Antes de los termómetros finolis de hoy en día, hubo un invento que era más bien un chivato del calor: el termoscopio. Por ahí se suele mencionar a Galileo como parte de ese arranque, con aparatos que reaccionaban a cambios de temperatura… pero aún sin números serios.

¿Qué era un termoscopio y por qué no era un termómetro de verdad?

Imagina una pajita en un vaso: si el aire dentro se calienta, empuja y el nivel se mueve. Pues el termoscopio hacía algo parecido, solo que te decía “sube o baja” y punto. No tenía una escala fija, y además el aire y la presión atmosférica se metían en la conversación como cuñaos, así que no siempre era fácil comparar medidas entre días o lugares.

¿Cuándo llegó el termómetro que ya medía con números?

El salto guapo vino cuando se empezó a usar un líquido dentro de un tubo sellado y con una escala. En 1714, Daniel Gabriel Fahrenheit fabricó termómetros de mercurio, muy consistentes para la época, y propuso su escala. Un poco después, en 1742, Anders Celsius planteó la escala centígrada.

Lo bonito es que el termómetro no solo midió el clima, también cambió la medicina, la cocina y hasta el “¿estoy malo o estoy exagerando?”. De pronto, el cuerpo dejó de ser “me noto raruno” y pasó a tener un numerín que discutir.

Moraleja Magikita: cuando le pones números a algo invisible, ganas claridad.

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