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En el bosque decimos que es tímido, pero en realidad es sigiloso de vocación. Va pegadito a las sombras suaves, como la niebla cuando el bosque respira, y aun así lo delatan esos ojos vivos y soñadores que miran el mundo como si fuera una historia a medias.
Mide unos 20cm y tiene el pelo rojo, rojo de ramita al fuego, de tarde que se queda. Cuando cree que nadie lo ve, reparte estrellas a su paso, como quien deja pistas para volver a casa. Y sí, lleva una colgando de su mano, lista para cuando haga falta: no por drama, sino por costumbre de buen corazón.
- Se queda embobado escuchando la lluvia en latas y hojas secas.
- Saluda bajito a los niños, pero por dentro hace una fiesta.
- Guarda estrellas de repuesto en sitios absurdos, dentro de tazas desportilladas.
Si lo encuentras quieto, no le metas prisa. Está calculando dónde poner la próxima chispa para que a alguien se le arregle el día sin darse cuenta.