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Mide unos 22 cm de pura calma traviesa, y se planta donde haga falta con su pantalón azul y su gorro verde, como si fuera el encargado oficial de bajar el volumen al universo. Va siempre sonriente, pero no de postureo: es esa sonrisa de quien sabe que el bosque cuenta chistes si te callas lo suficiente.
En la punta del gorro lleva un cascabel que parece contradictorio, pero es parte de su magia: a veces suena sin querer y entonces hace el gesto de pedir silencio con más énfasis, como disculpándose con los mirlos. Dice que la niebla es el bosque respirando y que los humanos caminan raro cuando notan que alguien los escucha de verdad.
- Se queda quieto para cazar trinos como si fueran canicas invisibles
- Saluda a las estatuas del parque por si están ensayando de noche
- Persigue caracoles para ver cómo escriben plata en el suelo
Cuando nadie le ve, apoya los pies en el musgo y dirige coros de pájaros con microgestos, sin hacer ruido, de lujo.